10/11/17

Hojas muertas




Me llega lejana tu voz apagada
surgiendo del fondo dormido del tiempo
me dice que errante cual sombra liviana
vagas, nube esquiva, a merced del viento.

Dice que tu mundo se ha envuelto en tinieblas
que el sol no ilumina la senda que pisas
que el llanto es ahora tu canción eterna
y es mueca deforme tu eterna sonrisa.

Que añoras un tiempo de risas y besos
un tiempo a mi lado de rosas y vino
que nunca entendiste qué viento contrario
alejó tus sueños de los sueños míos.

Que volver quisieras de nuevo al pasado
que mueres de amor por mi amor perdido
que ya no soportas mi terco silencio
ni el frío glacial de este invierno frío.

Pero no comprendes que aquel que te amó
ya no está en el mundo feliz que tu sueñas
él también habita en un mundo de sombras
donde se perdió buscando tus huellas.

No supe vivir sin tener tu amor
no supe seguir si no era contigo
y una tarde gris de nubes sin sol
me adentré en la niebla y en la niebla sigo.

Es muy tarde ya para hablar de amor
la feliz canción se perdió en el tiempo
ya nada es igual, ya todo ha pasado:
somos hojas muertas que se llevó el viento.


13/10/17

El viejo del parque




                  -I-

Lo veo cada mañana 
arrastrando los pies por la avenida, 
parando en cada banco, 
mirando para atrás mientras toma resuello 
como llamando al orden 
a todos sus recuerdos. 

Inseguras y torpes, 
sus piernas ya no avanzan como antes, 
apenas las levanta ya del suelo, 
con trabajo lo llevan 
a buscar un rincón soleado este invierno. 

Sus ojos ya no miran para ver, 
si acaso solo miran por mirar 
como pasa la vida por delante 
de su gastado cuerpo. 
Sus días se suceden como árboles 
al lado del camino 
desde un tren desbocado. 
Monótonos, iguales, 
sin un mínimo brillo desde el alba 
hasta el oscuro ocaso. 

Hace poco, me paré junto a él. 
Hablamos de la vida, 
del frío, del calor, 
de sus sueños lejanos, 
de dolencias y achaques, 
de la vil soledad...
en fin, de todo un poco. 
Al irme, me sonrió. 
Y nunca vi sonrisa 
más cálida y sincera.


                  -II-

Una mañana fría del último diciembre, 
eché a faltar al viejo.
Una ligera brisa desprendía 
de los dormidos árboles del parque 
las hojas amarillas más tardías.
Brisa que a mi se me antojó lamento 
cuando se hizo viento 
que enredó su pesar entre las ramas. 

Y el viejo ya no vino. 
Ni ese día ni el siguiente. 
El viento ya sabía 
que nunca iba a volver 
a buscar su caricia en el verano, 
a rehuir su furia en el invierno. 

El viento lo sabía. 
Se fue a buscar la paz donde los días 
dejaran de pasar ante sus ojos 
como árboles al lado de una vía.


5/7/17

Ensoñación


                                          Ilustración de Khaty Hare

Sé que existes, que habitas en el mundo,
en un lugar de ensueño mimado por los dioses
que llaman armonía.
Sé que existes, que tu nombre es embrujo,
que ríes a todas horas sin motivo aparente,
que el único motivo de tu risa
es el gozo de sentir por tu sangre
deslizarse la vida.
                  
Te imagino perfecta y seductora
siendo ninfa en ríos transparentes,
náyade azul en las tranquilas fuentes
y estallido de luz en cada aurora.

Rebosas alegría y el deseo
vive en tus labios rojos,
dos pétalos con néctar que libar
en cada atardecer de negros velos.

Existes, aunque seas sólo un sueño
trenzado de imposibles
que persigo incansable desde siempre,
desde el fondo sombrío
de una cuna sin pátina, sin nombre,
perdida en el abismo de los años,
levitando en la niebla del olvido.

Nunca te alcanzaré. Si te alcanzara,
mi vida perdería todo sentido,
dejaría de vivir con la esperanza
de poder encontrarte en cada aurora,
de sentir tu presencia en cada soplo
de viento en el otoño, en cada nube
de cada atardecer cárdeno y frío.