2/8/22

MAR TRANQUILO

 

 


¡No sé que tienen las olas

que brillan como diamantes

y arrullan a los amantes

que viven su amor a solas!

Y ríen las caracolas

mientras llora una guitarra;

al cante, doña cigarra,

flamenca y de talle fino:

 desde la copa del pino

su voz el aire desgarra.

 

El sol, cansado de cielo

se inclina buscando el mar,

el agua quiere besar

para sofocar su anhelo.

La tarde se peina el pelo

y sobre el mar lo derrama,

quiere meterse en la cama

antes que llegue la noche

con su risa, su derroche

 y su humor de joven dama.


Y es este mar apacible

el que me acerca a tus ojos

cautivos tras los cerrojos

de un amor inaccesible,

de un amor tan imposible

como el planeta lejano 

al que tendemos la mano

para sentir su presencia.

¡Ay, cómo duele tu ausencia

este tórrido verano!

 


28/6/22

Heterodoxo

 


Tal vez no todo sea tan sencillo

en este mundo nuestro de amantes satisfechos

y, bajo la obviedad de la simpleza,

nos espere dormido cualquier duende sin alma

de esos que juguetean con el destino

de los simples mortales

que creen que el amor consiste en copular

una vez por semana,

equiparando amor con subsistencia.

 

Quizás, lo que hoy es luz intensa y fascinante,

se vuelva oscuridad

cualquier sábado de estos

y entonces, esos equilibrados besos nuestros,

tan tuyos y tan míos,

sin otra opción posible,

se pierdan río abajo de la vida

en busca de otras bocas más ardientes.

 

O quien sabe, quizás

cualquier tarde de estío,

de esas que se eternizan bajo el fuego,

nos sumerjamos sin apenas quererlo

en unos ojos grandes y serenos

de promesas azules

tan solo por nadar en otras aguas

más frescas y agitadas.

 

Y es que el amor perfecto es una argucia

que se inventan los yermos corazones

para huir de la negra soledad.

Amar, sí, con el alma en cada encuentro,

pero siempre pensando que a este mundo

si hay algo que lo viste de colores

es su cautivadora variedad.

 

                                                     Febrero-2017   

30/1/20

Te volveré a escribir


                               



                                  Te volveré a escribir largas cartas de amor
en las pausadas tardes del otoño
cuando el terrible sol del último verano,
cansado ya de ardores y relumbres,
comience a dormitar
pintando las fachadas de amarillo.

Te volveré a escribir bellas cartas de amor
cuando el húmedo viento del oeste
me traiga aquel perfume
que llenaba de gozo mis mañanas.
Cuando la fértil tierra de estos valles
muestre su desnudez lozana y cálida
y abra sus tersos surcos
a los besos de nuevas sementeras.

Te volveré a escribir
versos de soledad en la penumbra
cuando sobre mi frente se marchiten
las rosas encarnadas del recuerdo
y tus besos de entonces se transformen
en frágiles palomas que me icen
hasta el azul de un cielo ya inmortal,
manso y definitivo.

Sé que pronto, muy pronto,
cuando el río salvaje que arrastra mi nostalgia
hasta el inmenso mar de algas ondulantes
se torne en estuario imperturbable, plácido, decisivo…
                                  te volveré a escribir.                          

                                                                                                                    Agosto 16