26/2/18

Días luminosos





Tenían tanta luz aquellos días
que incluso en las entrañas de la más negra sombra
podía ver tus ojos apacibles
escrutando mi alma.

Y eso que por entonces
apenas te miraba así, de frente
–pensaba que tus ojos podían delatarme-
Yo usaba más los labios y la lengua
–incluso para hablar-
por ser mucho más dúctiles,
más dados al reencuentro, a la conquista fácil…
-o eso pensaba yo-

Y al besarte -¿recuerdas?-
yo te hablaba de amor;
tú a mí, de libertad.

Me hablabas de otras vidas
avanzando sin rumbo
 por la intrincada selva del destino.
De los tristes mendigos que duermen en Madrid
en los bancos del metro.
De los niños aquellos que corrían por tu barrio
sin padres ni futuro.
Decías: “Son carne de cañón,
pero son seres libres como el viento de marzo”

Así eras tú de ingenua,
de un candor insultante.
Pero seguí tu juego
porque me interesaba,
y me quedé a tu lado por un tiempo prudente
aún sabiendo que el pilar de tu mundo
no era más que un invento de poetas sin juicio,
más locos que las nubes en abril.
(Eso sí,
los únicos poetas
que sienten en sus carnes la poesía).


Luego,
una tarde de euforia colectiva,
cuando aquella tormenta de verano,
me marché tras la gente
que gritaba consignas de grandeza
y ofrecían promesas de futuro.
Y ya no te vi más…

Al cabo de los años,
una gélida noche,
de las muchas que pasé en soledad
tras el brutal fracaso de mi vida,
comprendí de repente
cuanta razón tenías.

Sólo tú conocías el secreto,
el camino correcto
hacia la clara luz de la verdad.
Y todo lo demás eran falacias,
inventos peregrinos vestidos de oropel.
Lo único importante al fin y al cabo
es ser dueño absoluto de tu tiempo
(de nada sirve poseer el mundo
si no es en libertad).

Y tan bien lo sabías,
tan convencida estabas,
que me dejaste partir tras la quimera
sin sujetar mis bridas,
sin alterar mis torpes anhelos de grandeza
de transformar el mundo
aún sabiendo que todo era tan vano e imposible
como beberse el mar.

La vida es justiciera:
te castiga por todos tus errores
el resto de tus días
con la llama cruel de los recuerdos
sin que jamás te permita volver
para cerrar con llaves redentoras

las terribles heridas del pasado!

¡Tenían tanta luz aquellos días!

17/1/18

A un espíritu libre




Ayer supe de ti después de tanto tiempo
y recordé tus trenzas a los catorce años
como dos centinelas que guardaban celosas
tu adorable sonrisa de inquieta adolescente.
Y recordé tus ojos de un azul contundente,
dos zafiros robados a la tierra salvaje
en las lejanas minas de un país oriental
para ser engarzados en el marco perfecto
de tu atezado rostro de princesa gitana.

Ayer…ayer supe de ti.
Me dijeron que habitas en el reino del viento
y con él vagas libre, sin rumbo, sin destino, 
siguiendo sus vaivenes, sus giros caprichosos,
bebiéndote la vida sin ahogarte en sus aguas.
Y no me sorprendí, sabes que te conozco.
Tú nunca regresabas al punto de partida.
Tú jamás te volvías a mirar unos ojos
tras dejarlos bañados en lágrimas amargas.

Con tu feroz belleza derruías murallas,
con tu loca pasión ahogabas voluntades
y después te alejabas del lugar del naufragio
dejando los cadáveres pudriéndose en la playa
bajo el tórrido sol del eterno abandono.
Ni el frío, ni la lluvia, ni el calor, ni la niebla
lograron retenerte entre cuatro paredes.
Tú salías cada día a buscar el amor,
 un amor sin amarras, sin cargos ni  promesas.
Nunca supiste amar a un solo corazón,
nunca bebió tu sed de una única fuente :
tú anhelabas beberte todo el mar, de repente…


Ayer supe de ti y volví a preguntarme
después de tanto tiempo si aún recuerdas mi nombre.
Supongo que ya no, que para ti soy nada
cómo mucho, si acaso, un número en tu agenda,
una luz mortecina en tu cielo fulgente…

Ayer supe de ti y se me vino encima
como un alud de rocas pesadas, colosales
el muro aquel de adobes que un día levanté
con la firme esperanza de separar por siempre
de mi frágil memoria tu incendiario recuerdo.

Ya ves, no te olvidé, nunca pude lograrlo,
¿acaso puede alguien olvidarse del cielo
cuando el cielo gimió un día entre sus brazos?



8/12/17

Sin pausa ni medida (glosa)



                                        "Mi corazón sombrío te busca sin embargo,
                                    y amo tu cuerpo alegre, tu voz suelta y delgada.
                                    Mariposa morena, dulce y definitiva,
                                    como el trigal y el sol, la amapola y el agua."
                                                                                                                                                                                                                       Pablo Neruda



 Ya perdí la esperanza de mirarme en tus ojos
de besar tu sonrisa con mis labios amargos,
mas,a pesar de todo,como en aquellos días,
mi corazón sombrío te busca sin embargo.

Porque te sigo amando sin pausa ni medida,
porque sigo esperando de ti, todo en la nada;
porque yo amo tu esencia,manantial infinito
y amo tu cuerpo alegre,tu voz suelta y delgada.

Tú eres como la tarde cuando se vuelve sangre
y me paro abrumado a contemplar su herida,
eres aire que escapa de entre mis torpes manos
mariposa morena,dulce y definitiva.

Mas,te siento cercana en tu trono de olvido
cual diosa laureada de sonrisa sin alma,
y te pienso perfecta ensalzando la tarde
como el trigal y el sol,la amapola y el agua.