1/5/18

Mis infinitos sueños (glosa)




  “En mi cielo, al crepúsculo, eres como una nube
   y tu color y forma son como yo los quiero.
   Eres mía, eres mía, mujer de labios dulces
   y viven en tu vida mis infinitos sueños”

                                 Pablo Neruda



           Eres isla remota en el mar de mis sueños,
           golondrina viajera entre las multitudes.
           Eres como un oasis en mi vasto desierto;
           en mi cielo, al crepúsculo, eres como una nube.

           Es tu boca una fuente para mi sed eterna,
           consuelo de mis penas es tu ondulado pelo.
           Son tus ojos dos faros en mis noches en vela
           y tu color y forma son como yo los quiero.

                Y adorno en la mañana con tu nombre el espacio
                 para que el cielo sepa de tus ansias de azules.
                Y subo hasta la cima para gritar al mundo:
                eres mía, eres mía, mujer de labios dulces.

           Pero al llegar la noche, se entristece mi alma
           y regreso a mi alcoba a lidiar con mis miedos.
           Y allí, frente a la hoguera, te pienso muy cercana
           y viven en tu vida mis infinitos sueños.



26/2/18

Días luminosos





Tenían tanta luz aquellos días
que incluso en las entrañas de la más negra sombra
podía ver tus ojos apacibles
escrutando mi alma.

Y eso que por entonces
apenas te miraba así, de frente
–pensaba que tus ojos podían delatarme-
Yo usaba más los labios y la lengua
–incluso para hablar-
por ser mucho más dúctiles,
más dados al reencuentro, a la conquista fácil…
-o eso pensaba yo-

Y al besarte -¿recuerdas?-
yo te hablaba de amor;
tú a mí, de libertad.

Me hablabas de otras vidas
avanzando sin rumbo
 por la intrincada selva del destino.
De los tristes mendigos que duermen en Madrid
en los bancos del metro.
De los niños aquellos que corrían por tu barrio
sin padres ni futuro.
Decías: “Son carne de cañón,
pero son seres libres como el viento de marzo”

Así eras tú de ingenua,
de un candor insultante.
Pero seguí tu juego
porque me interesaba,
y me quedé a tu lado por un tiempo prudente
aún sabiendo que el pilar de tu mundo
no era más que un invento de poetas sin juicio,
más locos que las nubes en abril.
(Eso sí,
los únicos poetas
que sienten en sus carnes la poesía).


Luego,
una tarde de euforia colectiva,
cuando aquella tormenta de verano,
me marché tras la gente
que gritaba consignas de grandeza
y ofrecían promesas de futuro.
Y ya no te vi más…

Al cabo de los años,
una gélida noche,
de las muchas que pasé en soledad
tras el brutal fracaso de mi vida,
comprendí de repente
cuanta razón tenías.

Sólo tú conocías el secreto,
el camino correcto
hacia la clara luz de la verdad.
Y todo lo demás eran falacias,
inventos peregrinos vestidos de oropel.
Lo único importante al fin y al cabo
es ser dueño absoluto de tu tiempo
(de nada sirve poseer el mundo
si no es en libertad).

Y tan bien lo sabías,
tan convencida estabas,
que me dejaste partir tras la quimera
sin sujetar mis bridas,
sin alterar mis torpes anhelos de grandeza
de transformar el mundo
aún sabiendo que todo era tan vano e imposible
como beberse el mar.

La vida es justiciera:
te castiga por todos tus errores
el resto de tus días
con la llama cruel de los recuerdos
sin que jamás te permita volver
para cerrar con llaves redentoras

las terribles heridas del pasado!

¡Tenían tanta luz aquellos días!

17/1/18

A un espíritu libre




Ayer supe de ti después de tanto tiempo
y recordé tus trenzas a los catorce años
como dos centinelas que guardaban celosas
tu adorable sonrisa de inquieta adolescente.
Y recordé tus ojos de un azul contundente,
dos zafiros robados a la tierra salvaje
en las lejanas minas de un país oriental
para ser engarzados en el marco perfecto
de tu atezado rostro de princesa gitana.

Ayer…ayer supe de ti.
Me dijeron que habitas en el reino del viento
y con él vagas libre, sin rumbo, sin destino, 
siguiendo sus vaivenes, sus giros caprichosos,
bebiéndote la vida sin ahogarte en sus aguas.
Y no me sorprendí, sabes que te conozco.
Tú nunca regresabas al punto de partida.
Tú jamás te volvías a mirar unos ojos
tras dejarlos bañados en lágrimas amargas.

Con tu feroz belleza derruías murallas,
con tu loca pasión ahogabas voluntades
y después te alejabas del lugar del naufragio
dejando los cadáveres pudriéndose en la playa
bajo el tórrido sol del eterno abandono.
Ni el frío, ni la lluvia, ni el calor, ni la niebla
lograron retenerte entre cuatro paredes.
Tú salías cada día a buscar el amor,
 un amor sin amarras, sin cargos ni  promesas.
Nunca supiste amar a un solo corazón,
nunca bebió tu sed de una única fuente :
tú anhelabas beberte todo el mar, de repente…


Ayer supe de ti y volví a preguntarme
después de tanto tiempo si aún recuerdas mi nombre.
Supongo que ya no, que para ti soy nada
cómo mucho, si acaso, un número en tu agenda,
una luz mortecina en tu cielo fulgente…

Ayer supe de ti y se me vino encima
como un alud de rocas pesadas, colosales
el muro aquel de adobes que un día levanté
con la firme esperanza de separar por siempre
de mi frágil memoria tu incendiario recuerdo.

Ya ves, no te olvidé, nunca pude lograrlo,
¿acaso puede alguien olvidarse del cielo
cuando el cielo gimió un día entre sus brazos?



8/12/17

Sin pausa ni medida (glosa)



                                        "Mi corazón sombrío te busca sin embargo,
                                    y amo tu cuerpo alegre, tu voz suelta y delgada.
                                    Mariposa morena, dulce y definitiva,
                                    como el trigal y el sol, la amapola y el agua."
                                                                                                                                                                                                                       Pablo Neruda



 Ya perdí la esperanza de mirarme en tus ojos
de besar tu sonrisa con mis labios amargos,
mas,a pesar de todo,como en aquellos días,
mi corazón sombrío te busca sin embargo.

Porque te sigo amando sin pausa ni medida,
porque sigo esperando de ti, todo en la nada;
porque yo amo tu esencia,manantial infinito
y amo tu cuerpo alegre,tu voz suelta y delgada.

Tú eres como la tarde cuando se vuelve sangre
y me paro abrumado a contemplar su herida,
eres aire que escapa de entre mis torpes manos
mariposa morena,dulce y definitiva.

Mas,te siento cercana en tu trono de olvido
cual diosa laureada de sonrisa sin alma,
y te pienso perfecta ensalzando la tarde
como el trigal y el sol,la amapola y el agua.



10/11/17

Hojas muertas




Me llega lejana tu voz apagada
surgiendo del fondo dormido del tiempo
me dice que errante cual sombra liviana
vagas, nube esquiva, a merced del viento.

Dice que tu mundo se ha envuelto en tinieblas
que el sol no ilumina la senda que pisas
que el llanto es ahora tu canción eterna
y es mueca deforme tu eterna sonrisa.

Que añoras un tiempo de risas y besos
un tiempo a mi lado de rosas y vino
que nunca entendiste qué viento contrario
alejó tus sueños de los sueños míos.

Que volver quisieras de nuevo al pasado
que mueres de amor por mi amor perdido
que ya no soportas mi terco silencio
ni el frío glacial de este invierno frío.

Pero no comprendes que aquel que te amó
ya no está en el mundo feliz que tu sueñas
él también habita en un mundo de sombras
donde se perdió buscando tus huellas.

No supe vivir sin tener tu amor
no supe seguir si no era contigo
y una tarde gris de nubes sin sol
me adentré en la niebla y en la niebla sigo.

Es muy tarde ya para hablar de amor
la feliz canción se perdió en el tiempo
ya nada es igual, ya todo ha pasado:
somos hojas muertas que se llevó el viento.


13/10/17

El viejo del parque




                  -I-

Lo veo cada mañana 
arrastrando los pies por la avenida, 
parando en cada banco, 
mirando para atrás mientras toma resuello 
como llamando al orden 
a todos sus recuerdos. 

Inseguras y torpes, 
sus piernas ya no avanzan como antes, 
apenas las levanta ya del suelo, 
con trabajo lo llevan 
a buscar un rincón soleado este invierno. 

Sus ojos ya no miran para ver, 
si acaso solo miran por mirar 
como pasa la vida por delante 
de su gastado cuerpo. 
Sus días se suceden como árboles 
al lado del camino 
desde un tren desbocado. 
Monótonos, iguales, 
sin un mínimo brillo desde el alba 
hasta el oscuro ocaso. 

Hace poco, me paré junto a él. 
Hablamos de la vida, 
del frío, del calor, 
de sus sueños lejanos, 
de dolencias y achaques, 
de la vil soledad...
en fin, de todo un poco. 
Al irme, me sonrió. 
Y nunca vi sonrisa 
más cálida y sincera.


                  -II-

Una mañana fría del último diciembre, 
eché a faltar al viejo.
Una ligera brisa desprendía 
de los dormidos árboles del parque 
las hojas amarillas más tardías.
Brisa que a mi se me antojó lamento 
cuando se hizo viento 
que enredó su pesar entre las ramas. 

Y el viejo ya no vino. 
Ni ese día ni el siguiente. 
El viento ya sabía 
que nunca iba a volver 
a buscar su caricia en el verano, 
a rehuir su furia en el invierno. 

El viento lo sabía. 
Se fue a buscar la paz donde los días 
dejaran de pasar ante sus ojos 
como árboles al lado de una vía.


5/7/17

Ensoñación


                                          Ilustración de Khaty Hare

Sé que existes, que habitas en el mundo,
en un lugar de ensueño mimado por los dioses
que llaman armonía.
Sé que existes, que tu nombre es embrujo,
que ríes a todas horas sin motivo aparente,
que el único motivo de tu risa
es el gozo de sentir por tu sangre
deslizarse la vida.
                  
Te imagino perfecta y seductora
siendo ninfa en ríos transparentes,
náyade azul en las tranquilas fuentes
y estallido de luz en cada aurora.

Rebosas alegría y el deseo
vive en tus labios rojos,
dos pétalos con néctar que libar
en cada atardecer de negros velos.

Existes, aunque seas sólo un sueño
trenzado de imposibles
que persigo incansable desde siempre,
desde el fondo sombrío
de una cuna sin pátina, sin nombre,
perdida en el abismo de los años,
levitando en la niebla del olvido.

Nunca te alcanzaré. Si te alcanzara,
mi vida perdería todo sentido,
dejaría de vivir con la esperanza
de poder encontrarte en cada aurora,
de sentir tu presencia en cada soplo
de viento en el otoño, en cada nube
de cada atardecer cárdeno y frío.


9/6/17

Ellas,las estrellas.






Y al final serán ellas, las estrellas, 
los únicos testigos 
de la definitiva partida de los hombres. 

Al final serán ellas, sólo ellas, 
las que, en las noches eternas del invierno estelar 
y sólo por matar el tiempo que les sobra, 
se comentarán las unas a las otras 
que una vez existió 
en un gracioso planeta azul-encanto
una especie tan extraña y dañina 
que sus individuos creían ser los dueños 
de todo lo existente. 

Y reirán como locas 
por nuestra pobre y ridícula arrogancia, 
por nuestros torpes planes de futuro, 
por nuestro inútil afán de querer ser eternos, inmortales, 
en algún paraíso diseñado a medida 
y vendido a la plebe a golpe de doctrina, 
con ilusas promesas, 
por cualquier esperado profeta iluminado. 

Pero a la vez serán ellas, las estrellas,
las que pierdan un poco de su brillo 
de puro aburrimiento 
cuando los hombres nos hayamos ido para siempre. 

El universo entonces, 
se quedará más solo que la una. 
Se dormirá mecido por el eco 
que dejaron por todos los rincones 
nuestras voces de niños malcriados, 
nuestros gritos de fieras sanguinarias 
enfermas de poder y de riquezas, 
nuestro llanto de ancianos caminantes 
hacia ninguna parte. 

Y luego el universo, al despertar, 
sabrá que despertó 
de la más increíble y extraña  pesadilla, 
del más disparatado de los sueños...


24/5/17

Luna azul

                                       Cáceres,ciudad monumental 


Asoma esta luna tardía de julio
su rostro encendido tras el promontorio
para sacar brillo a  mis más viejos sueños.
Unos sueños que ya desde niño
ansiaron conquistar el mundo
y que no sabían que algún día lejano
perderían el lustre
e incluso hasta el nombre.

Hoy se han vuelto grises, igual que mi pelo.
Hoy son sueños blancos sin otra intención
que abrazar el alba en cada nueva aurora.

Esta luna azul 
que sonríe cual niña traviesa,
me arrastra tras ella,
me lleva en volandas
hasta el sitio exacto del dulce recuerdo,
a otra luna llena de otro julio cálido
de hace mucho tiempo
donde unos labios sedientos de fuego,
trémulos de frío,
rondaban alientos para que otros labios
saciaran su sed.

Días de ambrosías,
de esencias de rosas y elixir de besos.
Allí las hogueras ardían sin mesura,
sin ningún sentido.
De sus llamaradas,
al filo violeta de las madrugadas,
tan solo quedaban
las frías cenizas del perfecto hastío.
tras las horas álgidas de los desvaríos.

Aquel era un tiempo de vino y estrellas,
de puro derroche,
de errante locura.
Un tiempo que entonces creíamos feliz
porque nos sobraba,
porque nos manaba por todos los poros.
Mas, ya nació muerto,
con la fecha exacta de caducidad
escrita en sus horas.

Aquel río de "dicha" nunca llegó al mar.
Detuvo su curso
en los ojos ciegos de un puente obstruido
por tanta resaca,
en las horas yermas ahogadas en copas 
de cáustico alcohol,
en el deambular con rumbo perdido,
con el abandono
de las marionetas tras el festival.

Aquel otro julio incendió la sangre
de todos a un tiempo
y puso a enfriar
cualquier llamarada de posible amor.

Por eso esta luna tardía de julio
apenas me habla.
Solo es un remedo de aquella otra luna,
una cruel parodia
que solo me sirve para recordar
que hubo un tiempo cierto,
un único tiempo
que se me escapó como escapa el agua
por entre los dedos.

Un tiempo precioso que huyó tras la luna 
y allá se eterniza en perpetua agonía,
 igual que el fulgor mortecino
de aquellos que un día fueron sueños áureos
-mis sueños de entonces-
hoy ya sueños rotos.

1/3/17

Tu risa al alba


¡Cómo añoro tu risa 
en este amanecer 
cárdeno y frío!

Tu risa, un cascabel
tintinando entre luces
para arrullar mi sueño.

¡Que diera por tenerte
junto a mi piel ardiente
justo ahora, en el alba!
Tu risa-cascabel
junto a mi piel-hoguera.

De tenerte conmigo,
me bebería tus besos
con la sed infinita
del náufrago perdido
en desiertos ignotos.

¡Cómo hieren mis ojos
las luces de la aurora:
puñaladas de luz!

                                       Rayos de fuego y vida,
llevad mis desvaríos 
hasta el lugar que habita

¡Llevadle mis anhelos
-brasas incandescentes-
para avivar la llama
de sus ensoñaciones!

¡Cómo añoro su risa!

¡Tanto como su cuerpo
en este amanecer
cárdeno y frío...!