11/7/19

Con cada nuevo otoño




Con cada nuevo otoño
vuelves a mí sonriendo,
renovada y rotunda.

Te creces ante el tiempo
desafiando el fracaso
de las horas perdidas.

Eres agua embalsada
que nunca se evapora,
que busca cualquier grieta
en mis viejos recuerdos
para inundar mi valle
con ríos de ternura.

Me llegas envolvente
como el viento de octubre
al fenecer la tarde.

Y, como él, me anulas
los sentidos, el alma
hasta creer que existes
como antes, como entonces,
de nuevo en mis desvelos.

Eres sabor intenso
a besos infinitos.
Y, cual fruta madura,
estallan en mi boca
refrescando mi angustia
cuando la sed me abrasa.

Eres todo…eres nada
en cada nuevo otoño
de mi agostada vida.

14/12/18

El viejo chopo



Hoy regresé a tu sombra,
hoy llegué a descansar bajo la fronda
de tu poblada barba de anciano venerable.

Curtido en mil batallas al relente,
sabio en mil primaveras,
te dejaste la piel de tu corteza,
cien mil veces herida,
en perseguir la luz de la mañana,
en absorber la savia redentora
desde ocultos remansos en lo hondo.

En cada nueva aurora,
le lavabas la cara a cada hoja
con agua cristalina del rocío
y acogías después entre tus ramas
a legiones de seres indefensos
o ahuyentabas a extraños y enemigos
con ráfagas heladas
que el frío viento del norte te prestaba.

¡Viejo chopo del río,
amigo de mi infancia y juventud!
Hoy vuelvo a tu quietud de árbol sereno,
cansado ya de mundo y anciano, como tú.
Hoy vengo a devolverte las caricias
que recibí a la sombra de tus hojas.
Hoy vuelvo a rodearte con mis brazos
el tronco ya arrugado y carcomido
por años soportando fríos inviernos
en triste soledad.

Tú eres, chopo del río,
el amigo más fiel que nunca tuve,
el amor más sincero,
el más cálido hogar.
Por eso, cuando lleguen mis últimos latidos,
quisiera descansar bajo tu copa
y fundirme contigo cerca de tus raíces
en un abrazo eterno
que eleve nuestras almas al paraíso
donde árboles y hombres que se amaron
vivan ya siempre unidos
por toda una infinita eternidad.



15/8/18

Libélula






En leve vuelo, tus alas de cristal
irisadas al sol de la alborada,
elevan sobre el lienzo del estanque
tu ingravidez de ninfa solitaria.
                     
Espadilla de efímera existencia
que asombras con tu gracia al universo,
es prodigio de técnica y belleza
                    el etéreo batir de tu aleteo.
                                  
Criatura quebradiza en apariencia,
                    serás por siempre reina del remanso;
curioso predador de cien mil ojos:
bella herencia de un  tiempo cuaternario.